martes, 13 de octubre de 2009

NOCHES QUE MUEREN

Hoy desperté temprano, mientras llovía, pero no me levanté. Desde mi lugar podía adivinar cómo los autos pasaban sobre los baches y salpicaban de agua las calles, las banquetas, la gente que caminaba en esa madrugada para tomar el autobús al trabajo o la escuela.

Yo no me atrevo a abrir los ojos, solo adivino lo que allá sucede, la lluvia, el frío, estoy seguro que hace tanto frío porque desde mi lugar puedo sentirlo, puedo adivinar cómo los padres cubren con ropas gruesas a sus hijos para no permitir que enfermen, el agua está helada. Pero los envidio a todos.

Hace cinco años me despidieron del trabajo, fue durante una grave crisis financiera, los diarios detallaron el suceso, dijeron que los bancos habían quebrado, que las empresas no tenían dinero para pagar a los obreros, dijeron que nos indemnizarían, nada de eso sucedió, y me despidieron.

Mis escasa preparación y la situación económica del país me impidió encontrar otro trabajo. En pocos días no hubo comida en nuestra mesa y mi mujer y mis dos hijos empezaron a tener hambre.  Yo buscaca empleo en todos lados sin encontrarlo.

Pero el amor se va por la ventana cuando el hambre entra por la puerta; mi esposa me dejó porque creyó que era un bueno para nada, que nada podía darle, que sólo mataría poco a poco de hambre a mis hijos. Y creo que hizo lo correcto. Porque yo sí he muerto poco a poco, de tristeza, de soledad, de hambre.

Desde hace dos años escucho la lluvia de cerca, escucho pasar a la gente desde temprano a sus trabajos a sus estudios, temblando de frío, y los envidio; los envidio porque desde hace dos años no tengo casa y no tengo hogar. Hoy he dormido en la calle cubierto por una cobija, bajo una marquesina. Y espero que al menos por hoy no me encuentre el dueño, me correría a patadas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario